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Más acompañar y menos entretener

marzo 25, 2020

Demasiadas actividades

Con esta historia del coronavirus me encuentro con un millón de actividades en todos los foros educativos, como si fuera un requisito indispensable a la hora de pasar estos momentos de crisis con niños de corta edad. Claro que las ideas son bienvenidas, como en cualquier otro ámbito y momento, pero no es lo que nos salvará de este estado de confinamiento.

 

Lo que importa: las emociones, la creatividad y el juego libre

Me da la sensación de que algunas de las madres y de los padres del hoy están deseando que no se les acaben las actividades para hacer con sus hijos, porque entonces, ¿qué haremos? Nada más lejos de la realidad. Pensad en la sobre-estimulación que les provocaremos. ¿Por qué?

Porque si nos acostumbramos a hacer un millón de actividades para estar entretenidos y no aburrirnos, además de transmitir una falsa situación de control, no habrá espacios para otras cosas importantes: para la creatividad, para lo cotidiano, para lo emocional, para pensar y hacer las cosas más sencillas, que son las que realmente mueven todo el desarrollo de los peques de 0 a 3 años de edad y también de los más grandes: el juego libre.

El aburrirse está intrínsecamente relacionado con el juego libre, porque si no nos aburrimos, no tenemos la necesidad de inventar y pasar a la acción para crear algo nuevo.

 

El juego libre es aprendizaje

Cuando yo dirijo y soy la que da unas pautas de lo que hay que hacer y de lo que no, estoy cortando todo el desarrollo intuitivo, natural y espontáneo del peque, lo que le dará herramientas muy importantes para su vida adulta. Ellos aprenden mucho a través del juego libre y de la repetición.

No sé si os habéis parado a pensar, tras vuestra observación, que los niños de cortas edades no se aburren nunca de jugar. ¿Por qué? Porque nunca se dan las mismas situaciones: no hay repetición en los juegos que ellos desarrollan. La repetición la realizan ellos mismos como un proceso de asimilación para consolidar y fijar todo el aprendizaje, que se ha producido en el juego libre.

 

El interruptor de luz

Los niños de cortas edades aprenden haciendo. Os pongo un ejemplo: cuando ellos ven un interruptor de la luz y lo encienden, se quedan fascinados porque aprenden que sus propios actos, tienen consecuencias. ¿Qué aprendizaje observamos en esta situación?

Entre otros, que podemos controlar nuestras vidas. Que podemos influir y transformar las cosas. Que somos capaces de que nuestros actos influyan en nuestro contexto más próximo. Es un aprendizaje importantísimo.

 

Acompañamiento emocional

Es en estas edades, a partir del año, cuando los niños pasan de depender tanto del adulto o de sus figuras de apego cercanas y empiezan a formarse como individuos, también desde la colectividad. Descubren su YO y empiezan a construir su propia identidad, a través, obviamente, de la influencia colectiva, social, es decir, de nuestra influencia como figuras de apego.

Lo que quiero decir con todo esto es que en situaciones extremas, de crisis, como la que estamos pasando en estos días, es más necesario que nunca pensar y tomarse el tiempo necesario para poder enfrentarnos con toda esta situación y no tener acumuladas tantas actividades para entretener, sino acompañar a nivel lúdico y emocional a nuestros peques.

 

Fomentar el juego libre

Aunque el juego libre es un comportamiento natural del niño, que lo caracteriza por eso mismo, hay peques que lo han reprimido por la falta de autonomía y, por tanto, de confianza desde su entorno más próximo. Hay que dejar hacer para aprender a jugar libremente y para ello no hay que estar tan encima de los peques, como está sucediendo con el fenómeno de las actividades.

 

Ser niño significa adaptarse

Os aseguro que son los niños los primeros, que se adaptan a este tipo de contextos nuevos, dada su gran flexibilidad. Su desarrollo y su forma de aprender consiste en gran medida en copiar e imitar comportamientos. O sea, adaptarse es algo natural para ellos, que les define como niños. Ellos aún están en crecimiento y el “diseño” (llamémoslo así) aún se está haciendo. Por lo que si hay algún cambio a mitad de camino, se adaptarán mejor, dado que aún no se han constituido definitivamente como individuos.

En los adultos es diferente: ya estamos “hechos” con nuestros valores, nuestra moral, nuestras conductas, lo que pensamos que está bien o mal y un etcétera de códigos, que se fueron formando a lo largo de nuestra biografía. De ahí que el cambio nos resulte más difícil que a los más pequeños.

 

El bienestar del niño depende de nosotros

Por tanto, no son las actividades en sí mismas las que nos hacen salir de este bache de la mejor manera posible, sino la gestión emocional de muchas situaciones, que como adultos hemos de asumir, siendo esta misma la tarea de ser madres y padres fundamentalmente.

Como conclusión son las figuras de apego las que han de estar bien para poder llevar de la mejor manera posible esta situación y así darles una rutina emocionalmente hablando, estable y segura, a los más peques. Si nosotros no estamos bien, nuestros hijos tampoco lo estarán. Así, que hemos de procurar estar bien y si no es el caso, seguir una serie de pautas para estarlo.

 

Algunas de estas pautas son:

  1. Detectar e identificar nuestras emociones
  2. Expresarlas: no tienes que estar todo el día en modo “happy flower”
  3. Tomarse un tiempo para poder gestionarlas
  4. Hacer cosas que nos hagan felices
  5. Crear espacios de comunicación con el mundo exterior
  6. Buscar redes de apoyo
  7. Intentar dar con unos minutos de soledad
  8. Hacer algo de deporte
  9. Alimentarse bien
  10. Dormir como mínimo de 7 a 8 horas, ahora que hay tiempo

 

Me despido hasta el próximo artículo. Mucho ánimo y cuidaos mucho 🙂

 

* Cuando hablamos de ellos o de niños nos referimos también a ellas y a las niñas, desde un lenguaje inclusivo y así con todos los -os, que también incluyen a todas las -as.

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